Todo lo que ves de mí, no es nada de lo que yo soy. Y si no te gusta cómo soy, todo lo que ves de mí, metételo en el culo.

lunes, 13 de febrero de 2012

Psicoanálisis de una batuta


-Es que él piensa que por ser madera no siento. Esas son creencias de un imbécil. ¿Acaso conoce usted algo más sensible y maleable que una madera? Cuando hace calor nos hinchamos, cuando hace frío nos contraemos. ¡Encima, eso, que piensen que no sentimos el calor o el frío!
A veces pienso que me menosprecio a mí misma. No vaya usted a pensar, doctor, que no me enorgullecen mis raíces, pues yo estoy sumamente orgullosa de ello, al fin y al cabo mi lucha es esta, la de reivindicar los derechos de los objetos de madera.
Pero me quedé pensando en eso del frío y el calor. Reconozco que el frío no lo padecemos tanto, por eso muchos eligen la madera para los pisos de sus casas, que por cierto muchas veces ni siquiera barren ni enceran. Pero bueno, eso no viene al caso. Lo que me molesta es que algunos físicos digan que la madera no es conductora. ¿Usted nunca dejó la cuchara de cocina sobre una olla con agua hirviendo y al agarrarla se quemó hasta el apellido? ¡Encima dicen que es el vapor quien nos da el calor! ¡Por dios! ¡El vapor! Encima que le dan todo el mérito a él, nos infla con su humedad asquerosa.
Sí, ya sé doctor, debo enfocarme en lo que me pasa. Es que es una mezcla. Como madera de ébano me veo obligada a proteger a mis pares, porque si no me tildarían de concheta refinada, y estoy muy lejos de eso, ¿no? Cambie la cara, doctor.
Anoche mismo, antes de entrar a la sala del teatro me enteré de que se interpretaría el concierto para violín en Sol mayor del ruso ese, nosécuánto Tchaikovsky. ¿Usted se piensa que a mí me avisó? ¿Se cree que él o alguno de esos músicos frustrados fue capaz de anticiparme sobre los movimientos bruscos que tendría que efectuar esa noche?
Para él es todo muy sencillo, en los ensayos usa a las otras, no a mí. Dice que es porque me cuida de evitables daños, pero sé que miente. Es un mentiroso, si lo sabré yo. Por suerte siempre llevo conmigo algunas pastillas de Dramamine, para eventuales mareos. Soy previsora, si lo sabrá usted. Cambie la cara, doctor.
Esa noche pude brillar, como de costumbre, pero ser una batuta no es fácil. Tengo que marcarles los tiempos, las entradas, la expresión y los movimientos de presteza y lentitud a los músicos, entre otras cosas.
Para cuando los aplausos llegan, yo suelo estar ya recostada sobre el atril del director, y los recibo con mucha alegría. Al fin y al cabo, si bien la gente aplaude a quien finge hacer el trabajo, sé que la totalidad del mismo la hago yo, ¿pero quién va a creer que de una varita de madera va a salir tanta magia?
Ya me siento mejor, doctor, nos vemos la semana próxima.